ANITA Y LA FONTANA

FONTANA-DE-TREVI-portadaEl pasado 11 de enero falleció la actriz Anita Ekberg. Miss Suecia a los 19 años, puede que no fuera la mejor de las actrices, pero su rostro era de una armonía clásica y sus formas, apabullantes; aunque algunos preferimos la belleza de Virna Lisa, otra rubia divina que también nos dejó hace poco. Poco importa. Anita, curioso el diminutivo para tan rotunda mujer, era algo diferente, una diosa escandinava, una madonna nutricia, el imposible objeto del deseo de millones de varones de los años 50 y los 60. Y, sobre todo, forma parte del imaginario de todo cinéfilo al haber protagonizado la secuencia de la Fontana de Trevi junto a Marcello Mastroianni en “La Dolce Vita” (1960) de Federico Fellini.

ANITA-EKBERG

He vuelto a ver la secuencia de una película que he disfrutado varias veces a lo largo de mi vida. Marcello Rubini, Marcello Mastroianni, El Grande, periodista todoterreno en una Roma de contrastes brutales, acompaña en su escapada nocturna a Sylvia, Anita Ekberg, una estrella de Hollywood que acaba de aterrizar en la ciudad. Deambulando por un estrecho y vacío laberinto de calles, Sylvia encuentra un gatito blanco y le pide a Marcello que le busque un poco de leche. Mientras éste busca con desespero un vaso de leche, Sylvia, se encuentra de golpe con la Fontana de Trevi, vacía en todo su esplendor barroco. Cuando Marcello llega a la plaza hecho un pincel, pese a la noche loca que lleva encima, con su vaso de leche en la mano, la estrella se ha descalzado y se ha metido en la balsa de la fuente, contoneándose feliz de su ocurrencia. ¿Quién no ha soñado alguna vez que esa auténtica diosa del Olimpo le animase a seguirla, “Marcello, come here, hurry up!”? ¿Quién no ha sentido la embriagadora mezcla de saber que está cometiendo una locura, pero al mismo tiempo desear llevarse por la tentación?

Fotograma del largometraje "La Dolce Vita"

Fotograma del largometraje “La Dolce Vita”

De esos vértigos y deseos que llenan la vida, quizás me conformaría con el más modesto de ellos: poder estar una noche en la Fontana de Trevi vacía, en soledad o para compartirla con la mejor de las compañías. El cine forja nuestros anhelos más íntimos, modela la forma que nos gustaría que tuvieran nuestros sueños. Las grandes películas son las mejores promotoras de ciudades, paisajes y lugares. A veces planteamos nuestras escapadas de lo cotidiano tratando de visitar lugares que nos han estremecido en la oscuridad de una sala de cine. Aunque luego sea precisamente ese mismo reclamo el que haga que lleguemos a esos lugares deseados y estén repletos de extras que no aparecían en nuestro particular guión. Aunque convertidos en simples turistas, seamos nosotros mismos los que estropeemos a otros soñadores la magia de su momento.

trevi turistas

La Fontana di Trevi repleta de turistas

Siempre que he estado en Roma he ido a esa majestuosa fuente que hizo Nicola Salvi por encargo del Papa Clemente XII. Por supuesto, nunca he podido disfrutarla a solas como hicieron Marcello y Sylvia. Quién sabe si con la suficiente persuasión femenina o si sonase la música de Nino Rota, me atrevería a meterme en ella.

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