Parrafadas I

PORTADA-PARRAFADASPárrafos, necesitaba párrafos para la preparación de un curso de oratoria. Textos potentes que favorecieran el pensamiento y el ánimo a la hora de ser interpretados. Párrafos breves, bien escritos, fáciles de memorizar, de interiorizar y de hacer propios de una manera natural. Universales, para que fuesen disfrutados por todos los oyentes y hablasen de temas comunes para todas las personas.

De la necesidad de una recopilación apropiada para tal fin, recurrí a una herramienta cercana y útil en las redes sociales: Facebook. Recurrí a mis contactos, a los que propuse, a modo de pasatiempo, que me seleccionasen el párrafo literario que más les conmovió a lo largo de sus lecturas y que me lo enviasen. Empecé a compartirlos por el mismo medio por el que me llegaban. Recibí casi doscientos correos electrónicos, chats, cartas que se convirtieron en miles de sugerentes comentarios, opiniones, valoraciones…

Comprendí que la mezcla de una necesidad (textos para oratoria), con una herramienta como Internet y las redes sociales, me iba a llevar a unas conclusiones y una experiencia distinta a la imaginada en un principio. A un juego que animaba a la lectura, al descubrimiento de los gustos de mis amigos, a sus opiniones.

Al final, el curso de oratoria no lo realicé. Pero la experiencia vivida en la búsqueda de mis párrafos universales, superó con creces todas mis expectativas de aprendizaje.

Reuniré en varios artículos algunos de los párrafos que más me impresionaron, esperando que sean de vuestro agrado y que os generen curiosidad por saber más de los autores y sus obras.

¡Que los disfrutéis!


Obra: «El sueño eterno»     Autor: Raymond Chandler

«Me metí en la cocina e hice café, litros de café. Rico, fuerte, amargo, hirviendo, despiadado, depravado. La sangre de la vida de los hombres cansados”.

Humphrey Bogart y Lauren Bacall en una foto publicitaria de la película "El sueño eterno"

Humphrey Bogart y Lauren Bacall
en una foto publicitaria de la película «El sueño eterno»

“No hay una manera limpia de hacer 100 millones de dólares, afirmó Ohls. Quizá el director crea que sus manos están limpias, pero en algún sitio a lo largo del negocio, alguien se ha visto entre la espada y la pared; hombres con pequeños negocios los han visto derrumbarse bajo sus pies y han tenido que liquidar por cuatro gordas, gente decente ha perdido su empleo, apoderados han subido como la espuma, y las grandes firmas han pagado el cinco por ciento para echar abajo leyes que la gente quería, pero los ricos no, porque interfería en su lucro. Mucho dinero significa mucho poder, y el poder en grandes cantidades siempre se utiliza mal”.

«El sueño eterno» / Fuente: wikipedia.org

Raymond Chandler / Fuente: wikipedia.org


Obra: “No volveré a ser joven”     Autor: Jaime Gil de Biedma

“Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante. Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.

Gil de Biedma Foto: Elisa Cabot - http://www.flickr.com/photos/76540627@N03/7486410180

Gil de Biedma
Foto: Elisa Cabot – http://www.flickr.com/photos/76540627@N03/7486410180

Jaime Gil de Biedma / Fuente: wikipedia.org


Obra: “Creía que mi padre era Dios”     Autor: Paul Auster

“La economía familiar había recibido un duro golpe. El negocio de mi padre había quebrado, casi no había trabajo y el país estaba al borde de la quiebra. Aquel año teníamos un árbol de Navidad, pero no teníamos regalos. Sencillamente, no podíamos permitírnoslo. En Nochebuena todos nos fuimos a la cama con los ánimos bastante bajos.

Pero lo increíble fue que, al despertarnos la mañana de Navidad, nos encontramos con un montón de regalos bajo el árbol. Intentamos mantener la calma durante el desayuno, pero acabamos con él en tiempo récord.

Entonces comenzó la diversión. La primera fue mi madre. Todos la rodeábamos llenos de curiosidad y, cuando abrió su paquete, vimos que le habían regalado un viejo chal que “había perdido” hacía ya muchos meses. A mi padre le tocó un hacha con el mango roto. A mi hermana, sus viejas zapatillas de andar por casa. Uno de los chicos recibió unos pantalones remendados y arrugados. A mí me tocó un sombrero, el que yo creía haberme dejado en un restaurante, allá por el mes de noviembre. Cada una de aquellas cosas desechadas representó una total sorpresa. Al poco rato nos entró el ataque de risa que apenas podíamos desatar el lazo del siguiente paquete. Pero ¿de dónde procedía tanta generosidad? Todo había sido obra de mi hermano Morris. Durante muchos meses había estado escondiendo en secreto cosas viejas que él sabía que no echaríamos de menos. Entonces, en Nochebuena, después de que todos nos hubiésemos ido a la cama, había envuelto los regalos y, silenciosamente, los había colocado bajo el árbol.

Recuerdo aquella Navidad como una de las más bonitas de mi vida”.

Paul Auster / Fotografía de David Shankbone

Paul Auster / Fotografía de David Shankbone

Paul Auster / Fuente: wikipedia.org

Crítica del libro por Rafael Lemus


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