Jaime Pujol, lo importante es vivir

lo importante es vivir 1Jaime Pujol, lo importante es vivir

Jaime es una persona con múltiples inquietudes, poliédrico personaje de pasiones diferentes. Es difícil enmarcarlo en una sola actividad, aunque fácil verlo en un ámbito: la creatividad dramática. Acompaña su vida un halo de juventud y energía positiva; uno no sabe qué fue primero, si el Jaime optimista o el positivo Jaime, el joven Jaime o la juventud de Jaime. Será por eso que todo lo que toca o imagina es resultado de ideas limpias, mundos no transitados por nadie antes, espacios propios de reflexión madura pero no contaminada.

Hoy levanto mi copa por ti, Jaime, con el zumo de las naranjas de tu huerto, a tu salud, porque los dos sabemos que lo importante es vivir y disfrutar con lo que hacemos. Y poco más. ¡Y nada menos!

     Nombre completo, fecha de nacimiento, lugar…

    Me llamo Jaime Pujol Reinés, nací el 6 de noviembre de 1961 en Palma de Mallorca. Llegué a Valencia con 18 años y, prácticamente, soy valenciano.

    Hago un inciso sobre mi primer apellido. Lo pronuncio con jota castellana, porque aquí no suena como en Mallorca, no existe esa sonoridad. De hecho, la primera vez que dijeron mi nombre, fue en un organismo oficial, creo que cuando fui a hacerme el pasaporte, y me llamaron Chaume Puchol, con el acento de aquí, l’apitxat. A partir de ahí, preferí decir mi apellido con jota, porque me lo han escrito de todas las maneras, desde Puchol a Puyol, pasando hasta por Puzol (ríe).

     ¿Quién es Jaime, en realidad?

    Jaime ha sido un proceso vital, en realidad. Ha habido muchos “jaimes” en mi vida, pero ahora mismo, me veo una persona sencilla. A partir de un momento determinado de mi vida he llegado al convencimiento de que lo único que realmente me importa es vivir, intentar gozar de las cosas de la vida y no obsesionarme con el trabajo, ni con otras cosas. Yo siempre digo que hace muchísimo tiempo que debería haberme jubilado. Al contrario que mi padre, que cuando le tocó jubilarse dijo: “¡qué pena que no pueda seguir trabajando!”. Hay gente que vive para trabajar. Yo trabajo para vivir. Amo mi trabajo, pero no solo el específico de actor, sino este ámbito que es el de la interpretación, el teatro o el audiovisual, hay un montón de rincones en los que puedo tener cabida.


lo importante es vivir 3

Foto de book de Jaime


    Autor dramático, actor, director, pedagogo teatral…, eres insaciable e incansable, Jaime. Cuéntame cómo te apañas para compaginarlo todo. Y cuál es tu área favorita.

    Si tuviera que elegir una lo tendría complicado. Yo pondría en mi tarjeta de presentación, actor; aunque no es con lo que me siento más identificado. Me apasiona la interpretación, lo que pasa es que el estado de interpretación ideal se produce en muy pocas ocasiones y hay muchos peajes y cuestiones ajenas a lo que es la esencia del actor. Por ello, a veces, me siento mucho más cómodo en la escritura, porque no tienes esos condicionantes, la creatividad está full, a tope. lo importante es vivir 4También tengo que decir que soy bastante perezoso y he encontrado en Diego Braguinsky un entente muy bueno de creatividad donde nos jaleamos y ya hemos escrito juntos bastantes obras últimamente. Me siento cómodo en ese tándem, porque nos damos fuerza el uno al otro. Escribimos “Muerto en el acto” y ahora, en abril, estrenamos “Mecbeth”, en la que le hemos dado la vuelta a “Macbeth”. Es un proyecto que tenía hace tiempo, es un homenaje a la obra desde el otro lado con un humor muy Monthy Phyton, muy divertida.

    La faceta por la que más se te conoce, o la que más popularidad te ha dado ha sido la de actor en televisión. ¿Cómo ha sido tu carrera? ¿Qué momento recuerdas como clave dentro de ella? ¿Cuál ha sido tu mejor experiencia como actor?


lo importante es vivir 2Foto de “Romeo y Julieta” dirigido por Edward Wilson


   Siempre digo que profesionalmente tengo dos trabajos que considero una catapulta profesional e, incluso, emocional, muy importantes: el “Romeo y Julieta” que hice con Edward Wilson con 23 o 24 años, y que me abrió la puerta a la dirección escénica, porque a posteriori trabajé con él como ayudante de producción. De alguna manera, me hizo madurar como actor. Y luego, como no, mi trabajo en “El comisario”, pero no por el hecho de que fueran diez años y que, a partir de ahí, mi carrera da un vuelco y se me abren más puertas a más proyectos, sino como experiencia vital fue realmente extraordinaria. Ahí es cuando yo digo “¡qué maravilloso es poder desarrollar tu trabajo de actor tal y como tú habías imaginado!”. Eso me ocurrió en “El comisario”, poder interpretar un personaje totalmente distinto a como realmente eres tú, poder elaborarlo y darle una trayectoria vital. ¡10 años! Crecí, humanamente, con el personaje. Y es que formas parte de una gran familia y adquieres una seguridad extraordinaria. De verdad que se aprende muchísimo.

   También es cierto que esa seguridad la pierdes en cuanto acabas, porque esta profesión tiene estas cosas, cuando tienes que hacer otro trabajo es como una vuelta a empezar. Y te preguntas: “¿Por qué tengo que volver a pasar por esto?”. De repente, todo se desmorona y surge la inseguridad más absoluta, el vacío, vuelven los lapsus, los temores, los miedos. El ritmo es trepidante y lo que te salva es llevar a tus espaldas 30 años. Ves personas que llegan a esas series sin esta experiencia y se hunden. El mundo del actor es un peaje injusto.

   ¿Qué opinas del momento cultural que se está viviendo en España en la actualidad? ¿Hacia dónde crees que vamos?

      Yo creo que la cultura en este país está en un punto de “sálvese quien pueda” desde hace muchísimos años, diría desde que tengo uso de razón; porque falla en la base, en la educación, en el fomento de la educación. La suerte de vivir un período no muy largo de mi vida en Inglaterra me dio la oportunidad de ver a chavales de ocho años como leían de motu proprio a Shakespeare, como recitaban, como esas familias de clase obrera hacían una pequeña provisión de fondos mensual para poder ir al teatro… Es otra escala de valores, es un respeto desde los cimientos. Empezar la casa por el tejado no tiene mucho sentido. Y lo que está haciendo mal este gobierno es, precisamente, ir cortando de raíz e ir quitando todas esas asignaturas ligadas a la cultura en los centros de estudio. Es una vergüenza, porque, al final, te preguntas ¿cómo se llega a la cultura? ¿A través de qué? Y no te hablo de la ley de mecenazgo, porque esta no tiene importancia si no existe, previamente, una educación cultural.

    Recomiéndame una película, Jaime.

   Así, de repente, y aunque no la considero una obra maestra, mil veces viene a mi mente, “Blade Runner”. Para mí, sintetiza muchas cosas, hay una filosofía de vida en esa película, aparte de plásticamente, lo que supuso en su momento. A mí es una película que, todavía, me sigue emocionando, me hace llorar, siempre se me cae la lagrimita.

    ¿Cuáles son tus proyectos futuros? ¿En qué estás trabajando ahora?

   Acabamos de estrenar “Mecbeth” en el teatro Rialto, el 31 de marzo y estaremos un mes. He escrito el texto junto a Diego Braguinsky. Y, también, estoy intentando terminar una nueva obra que se llama “Música en la cabeza”, pero no habrá soul, sino locura. Me muevo mucho en el mundo de la falsa apariencia, me gusta mucho el juego, desde el punto de vista teatral y cinematográfico. Me gusta, como espectador, que jueguen conmigo, estar activo, descubrir lo que realmente está ocurriendo. Y estamos terminando, también, hemos entregado ahora el primer guión de la versión cinematográfica de “Continuidad de los parques” junto con Sergio Villanueva y con una productora de Valencia, muy interesada en llevar a cabo el proyecto.

    ¿Cómo son tus ojos de mirar?

    Pues, son muy simples ya (ríe). Procuro mirar las cosas como son y que venga lo que venga.

Algunos enlaces sobre Jaime que te pueden interesar:

https://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_Pujol

http://www.jaimepujol.com/

http://www.imdb.com/name/nm1001723/

http://www.biografias.es/famosos/jaime-pujol.html

Me gustó más el libro II

Me gustó más el libro 2

        Me gustó más el libro II

Viene de “Me gustó más el libro (I)”

        DERSU UZALA

        En 1976 “Dersu Uzala”, coproducción soviético-japonesa gana el Oscar a la mejor película extranjera. Con todo y ser una de mis favoritas, no supe hasta hace relativamente poco  que estaba basada en un libro del mismo nombre escrito por Vladímir Arséniev, militar, científico y explorador ruso a caballo entre los siglos XIX y XX. Más que una novela es una crónica de sus expediciones, organizadas por el gobierno ruso para conocer los recursos y posibles explotaciones de las regiones siberianas de Amur-Ussuri, territorio inexplorado hasta entonces. Es un  relato de aventuras que gira en torno a la fascinación que sobre el científico europeo ejerce la mirada pura, sencilla y mágica de la naturaleza que tiene el pequeño y humilde Dersu. Es también un libro de aventuras, donde con la sencillez con la que un albañil coloca un ladrillo, Dersu salva las más peligrosas situaciones imaginables.

      Si se le pudiera poner un pero, sería quizás la relativa aridez de los datos geológicos o botánicos, inevitables si tenemos en cuenta que, en realidad, es eso: un diario de expediciones científicas.

    La película es una muy acertada y respetuosa versión en fondo y forma, debido en gran parte a la elección de Maxim Munzuk como protagonista. Nativo siberiano y conocedor del chamanismo y las creencias de los nativos, compone un personaje absolutamente real.

        ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS?

         En ocasiones un director consigue, de obras literarias menores, extraer auténticas maravillas. Véase, sino, “Blade Runner”, basada en la novela de Philip K. Dick. “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, una obra que pasó con más pena que gloria, con la que Riddley Scott fabricó una obra maestra, referente de cine de ciencia ficción.

        GUERRA Y PAZ  /  EL QUIJOTE

        En el extremo opuesto, hay libros que por sus dimensiones y contenido no han merecido una adaptación a su altura hasta el momento. “Guerra y Paz” o “El Quijote”, por ejemplo, han sido objeto de numerosas lecturas cinematográficas, pero ninguna lo ha conseguido. Todas se quedan cortas, o simples, o amontonadas, pero no, no llegan. Y quizás porque el cine no sea el medio idóneo para ellas.

        YO, CLAUDIO

        En mi modesta opinión, quizás sea la televisión su sitio. Existe un ejemplo modélico. Viejo, pero modélico: “Yo, Claudio”. En los años 70 la BBC adaptó con escasos medios e inmensa profesionalidad las dos novelas en las que el escritor británico Robert Graves relata la vida y miserias del Imperio Romano desde Augusto hasta Claudio: ¡nada menos que cuatro emperadores!. Recomiendo encarecidamente leer las obras en las que se basa: “Yo, Claudio” y “Claudio el dios y su esposa Mesalina”. Graves fue un gran historiador, un enorme erudito del mundo clásico y un notable poeta, pero, por encima de todo, un extraordinario contador de historias, capaz de engancharnos a la vida de los romanos de hace 2000 años, o los griegos de 3000 como nos enganchamos a “Juego de tronos” o “Los Soprano”.

    Buscad también la serie, y maravillaos con lo que pueden hacer un puñado de actores y profesionales de verdad.

        EL GATOPARDO

    Y, por último, están los milagros: Adaptaciones perfectas en fondo, forma, personajes y contenido de grandes obras. El mejor ejemplo, sin duda alguna, “El Gatopardo” de Lucchino Visconti.

    Obra única del italiano Giuseppe Tommasi di Lampedusa, descendiente de nobles sicilianos, narra con extraordinaria clarividencia la decadencia de la aristocracia siciliana y los sucesos que dan lugar a la caída del Reino de Nápoles y la unificación de Italia. A través de los ojos del lúcido y melancólico protagonista, el otrora todopoderoso príncipe de Salina nos muestra la Sicilia que se acaba y la que viene, y lo más importante, la de siempre, la olvidada y explotada. Y lo mira con un inmenso amor y una gran tristeza. Pero es, sobre todo, un libro de los sentidos. El autor nos describe el tiempo y el lugar a través de colores, olores, sonidos y sabores extremadamente intensos, vivo, que revientan el rígido corsé de la sociedad de la época, que vegeta a la sombra de la Iglesia.

    La película es una absoluta lección de cómo adaptar una obra maestra. Tremendamente fiel en fondo, forma y personajes, conducida por un inmenso Burt Lancaster en el papel del príncipe de Salina.

      Pues lo dicho, es  siempre más que interesante descubrir los libros, a veces grandes, a veces menores, que han inspirado películas icónicas. Ahí están, sin ir más lejos, “El Padrino”, “La Naranja  Mecánica”, “2001”, ”El halcón maltés”, “Mystic River”, y un largo etcétera.

    Y una última reflexión: todos tenemos algún libro muy especial que quisiéramos (y tememos) ver llevados al cine. Quizás porque les hemos puesto caras, imaginado paisajes…,y no queremos decepcionarnos.

     En mi caso, estoy esperando al director que tenga lo que hay que tener y se ponga con “La conjura de los necios”. ¿Y tú?