Belén Riquelme, madridmeama

Belén Riquelme 1    Belén Riquelme, madridmeama

    Belén Riquelme es la actriz, la mujer fuerte y soñadora, la arrebatadora, el torbellino, la alegría y la música. Es la malvada y la inocente, la niña y la dama, fuego y hielo, corazón y cerebro, bebida amarga con fondo dulce de naranja. Valencia es su amor y Madrid es su amante, dice. Y nos lo cuenta desde su blog (https://madridmeama.wordpress.com), desde donde nos deja volar con ella en la aventura de su vida diaria. Una advertencia: si no quieres amarla, no sigas leyendo…

    Has llegado a Madrid con muchísima energía. Protagonizando una obra de teatro en el Alfil durante dos meses, con críticas excelentes en la prensa nacional, estrenando un microteatro propio en el Fabuloso Bar, centro de la movida madrileña, donde antes nunca se había hecho teatro, preparando un largometraje como protagonista… ¿De dónde sacas esa fuerza incombustible?

    ¡Jajajaja! De las ganas de vivir, de aprender, de hacer, de comunicar… Madrid está siendo un regalo y no quiero desaprovechar ninguna de las oportunidades que me ofrece.

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    Tuve la suerte de llegar y estrenar inmediatamente en el Alfil, “Querido imbécil”, una obra que me propusieron el guionista Pablo Vázquez y el director Norberto Ramos del Val.
Un personaje complicadísimo, duro y, a la vez, muy divertido que me ofrecía enseñar muchos registros interpretativos, un auténtico caramelo. Por otra parte tenía la idea de estrenar “Le tutear d’amour”, un micro interpretado y escrito por mí al que le tengo mucho cariño, porque es una pieza muy personal y Silvia SuperStar me propuso hacerlo en el Fabuloso bar, ¡no podía decir que no!

     

     ¿Y lo de la peli?

      Shhhh!!! ¡Lo de la peli es un secreto! ¡¡No sé cómo te has enterado!! (risas).


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Fotos del reciente book de Belén realizadas por Sergio Lardíez


    Pero es que, además, estás estudiando dirección cinematográfica, dirección de escena y guión y, ¡acabas de rodar tu primer cortometraje como directora!

   Sí, las clases son fantásticas, tengo la suerte de contar, entre otros maestros, con un profesor genial: Ángel Gómez Hernández, me lo paso bien y aprendo muchísimo, y como estoy completamente loca he rodado mi primer corto que se estrenará esta primavera con unos actores sensacionales de los que estoy muy orgullosa. La música también la he compuesto yo. ¿A que eso no lo sabías?

    ¡Me dejas sin palabras! ¿Quién es Belén en realidad? Sé sincera.

    Una creativa con unas ansias de aprender desbordantes. Una niña de espíritu con los ojos muy abiertos y con ganas de jugar que siempre quiere más. Mucha energía. Pero, sobre todo, una actriz y una cantante enamorada de su trabajo.


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Autorretrato de Belén compartido en sus redes sociales.

La podéis seguir en la red Instagram: @belenriquelmeac


   ¿Madrid te ama? Eres una persona activa en redes sociales. Lo cuentas todo. Háblame de tu blog. ¿Qué no te atreverías a contar en él?

   https://madridmeama.wordpress.com/ ha sido mi forma de agradecer lo que me está ocurriendo en esta ciudad y de comunicarme con el resto del mundo, contando mis experiencias. Madrid me ha recibido muy bien, es una ciudad que te abre los brazos si tienes cosas que aportar y muy cálida, lo cual no quiere decir que no sea duro y que no existan momentos difíciles como en todas partes, aún estoy recién aterrizada buscando mi sitio. Me desnudo bastante en el blog, pero soy una persona muy celosa de mi vida privada. Las mejores historias y anécdotas nunca serán contadas, formaran parte de la memoria colectiva y del disfrute de los protagonistas que lo vivieron y eso es un privilegio que nunca hay que perder en la vida. No todo es público, ni mucho menos, y si sale a la luz esa intimidad, siempre que sea sublimada, como obra artística.

    Dale un consejo a una joven de 18 años que quiera empezar en el mundo artístico, de la interpretación y la música.

    Que se forme académicamente como toca, estudiar es básico y mucho, y no solo interpretación y música, sino todas las artes, obsesivamente. Cuanta más cultura, mejor; cuanta más psicología, mejor. Y ver mucho cine y teatro, y conciertos, y leer, y vivir, y bailar.


Videobook de Belén Riquelme (2014)


    Belén, recomiéndame una película, una de esas que no fallan, una de tus favoritas…

¿Una película? “El coleccionista” de William Wyler. Es una joya.



    ¿Piensas volver a Valencia?

   ¿Trabajar en Valencia? ¡Por supuesto! No me cierro ninguna puerta, adoro mi ciudad, es el lugar donde nací y que además posee una calidad profesional impresionante. Estoy muy orgullosa de la escena teatral y audiovisual valenciana, de sus directores y actores. Pero, ante el cierre de Canal 9 y la mala gestión cultural del anterior gobierno, tenía que intentar abrirme otros caminos para volver con más fuerza y ganas cuando toque. De hecho, ya preparo proyectos muy interesantes allí que se darán a conocer en su momento. Valencia es mi amor y Madrid es mi amante. ¡No pienso renunciar a ninguno de los dos!


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¡Siga a esa chica!


    Igual vuelves antes de lo que te crees. Estoy con un proyectito…

    ¡Oh, me quedo muerta!

    ¿Cómo son tus ojos de mirar?

   Grandes, abiertos, un poco ingenuos, llenos de amor y de lágrimas, divertidos, sensibles y emocionales.

    Un deseo.

   Seguir teniendo la oportunidad de trabajar en lo que me gusta y seguir aprendiendo, siempre.

    Te lo mereces, Belén Riquelme. Estoy seguro de que no te faltarán oportunidades.

A propósito de Mr. Turner

PORTADA-MR-TURNERA propósito de Mr. Turner

La pintura y el cine están estrechamente relacionados, mucho más de lo que sus diferencias evidencian. La pintura nace con la propia humanidad. El cine, en cambio, tiene poco más de cien años, surgió como espectáculo de feria para convertirse más tarde en auténtica aportación del s. XX a la cultura universal. La pintura es por naturaleza estática, aunque en muchas ocasiones tenga vocación de dinamismo. El cine es imagen en movimiento, aunque existan directores que intenten convertir sus planos en auténticas obras pictóricas.

¿Qué tienen en común, más allá de ser lenguajes que apelan al alma humana? En ambos, el manejo de la luz, muchas veces artificial, constituye una parte esencial de la obra. Además, el encuadre que existe en la pintura desde sus orígenes es un elemento fundamental en los diferentes planos cinematográficos.

Lo cierto es que de las películas que se han hecho sobre el mundo de la pintura y de los pintores, muy pocas, al margen de su interés cinematográfico, han servido para comprender o disfrutar mejor de las artes plásticas.

La aproximación a la pintura desde el cine de Hollywood se hace, generalmente, a través de la vida azarosa del genio, ya sea Van Gogh y Cezanne en “El Loco del pelo rojo” (1956) de Vincente Minelli, ya se trate de Michelangelo Buonarroti en “El Tormento y el Éxtasis” (1965) de Carol Reed, ambas películas entretenidas, pero que poco nos aportan sobre el conocimiento de la obra de estos artistas. Nos muestran aventuras, dramas y pasiones con las licencias biográficas que haga falta. Recientemente, películas como “La Joven de la Perla” (2003) de Peter Webber, una virtuosa fotografía consigue convertir algunos de sus encuadres en auténticos cuadros de Vermeer. El director de fotografía, el portugués Eduardo Serra, se convierte en pintor, gracias a su manejo de la luz. Aún así, no deja de ser una hermosa e insustancial manera de acercarse a la obra del pintor holandés.

Dripping

Fotograma de “Pollock”

¿Existen películas cinematográficamente interesantes que nos permitan a la vez aprender sobre un pintor y su contexto? Mencionaré algunas que, desde mi punto de vista, cumplen ambos requisitos. Por ejemplo, “El contrato del dibujante” (1982) y “Ronda de Noche” (2007) del director británico Peter Greenway, que si bien en ocasiones resulta insoportablemente pretencioso, en su filmografía es perceptible la mirada de un realizador formado en las artes plásticas. También está aquella explosión de color, “Cuervos”, uno de los ocho fragmentos de los que consta “Sueños” (1990) de Akira Kurosawa, inmersión onírica del maestro japonés en la obra de Van Gogh. Dentro de los biopic destacaría: “Pollock” (2000) protagonizada y dirigida por Ed Harris, cinta en la que el actor norteamericano aparece pintando con la técnica del dripping (salpicaduras) que usaba el norteamericano y que Harris había conseguido imitar viendo documentales del pintor. Es uno de los pocos casos en los que la propia acción de pintar es una parte importante de la película.

Mr Turner

Fotograma de “Mr. Turner”

Acaba de estrenarse “Mr. Turner” de Mike Leigh, película británica basada en la vida del pintor Joseph Mallord William Turner, considerado por muchos como el más importante paisajista británico del s. XIX. Siguiendo la tradición británica, la película cuenta con una primorosa dirección artística y con una fotografía preciosista que recrea los tonos, las veladuras, los amarillos y los dorados de los cuadros de Turner. Las interpretaciones, tanto de Timothy Spall (Mr. Turner) como de todo el elenco son sobresalientes; cualquier secundario da sobradamente la talla. Sin embargo, una de las cosas que más incomodan de la película es la tosquedad y rudeza con la que Spall encarna a J.M.W Turner. Se muestra al pintor como un ser físicamente desagradable, procaz, primitivo en ocasiones, algo que contrasta con el estiramiento victoriano, propio de otros personajes aristocráticos que aparecen en la película, como John Ruskin, reflejado como un petimetre insoportable y redicho. Parece que a Leigh se le ha ido la mano en este punto, que el Turner real, era una persona más afable. Además, “Mr. Turner” es una película larga, de 2 horas y media, que en algunos momentos decae en su interés.

Volviendo al tema planteado antes, la relación entre la pintura y su traslación al cine, “Mr. Turner” pertenece gozosamente y por pleno derecho a ese escaso grupo de films que realmente profundizan y reflexionan sobre el acto de pintar, sobre el mismo proceso de la creación plástica. Tras ver la película se entiende mejor la obra de Turner, su excepcionalidad. Y se sienten unas incontenibles ganas de coger un avión con destino a Londres e ir inmediatamente a la Tate Britain Gallery, el sancta sanctorum de Turner. Porque en la película se ve a Spall/Turner ensimismado en su trabajo, con su cuaderno de dibujos, tomando incesantemente apuntes. Porque vemos a Spall/Turner en su taller, con cuadros suyos en proceso de ejecución, manipulándolos, difuminando los colores con los dedos. Porque sentimos la tensión artística de aquel momento en las absurdamente abarrotadas salas de las exposiciones de la Royal Academy. Porque vemos como Spall/Turner mira las cosas, como por primera vez intuye la belleza de la locomotora a vapor, de la máquina. En definitiva, el arte y la labor del artista como protagonistas.

Bond y remolcador

Fotograma de “Skyfall”

Y viendo una significativa escena de “Mr. Turner”, uno recuerda con una sonrisa el guiño que el astuto Sam Mendes hizo en “Skyfall” (2012), cuando James Bond se ha citado con Q en la Tate Britain Gallery y aparece el agente sentado frente al cuadro de J.M.W. Turner, “El Temerario remolcado al dique seco”. El pasado remolcando al futuro.

Tráiler de la película:

ANITA Y LA FONTANA

FONTANA-DE-TREVI-portadaEl pasado 11 de enero falleció la actriz Anita Ekberg. Miss Suecia a los 19 años, puede que no fuera la mejor de las actrices, pero su rostro era de una armonía clásica y sus formas, apabullantes; aunque algunos preferimos la belleza de Virna Lisa, otra rubia divina que también nos dejó hace poco. Poco importa. Anita, curioso el diminutivo para tan rotunda mujer, era algo diferente, una diosa escandinava, una madonna nutricia, el imposible objeto del deseo de millones de varones de los años 50 y los 60. Y, sobre todo, forma parte del imaginario de todo cinéfilo al haber protagonizado la secuencia de la Fontana de Trevi junto a Marcello Mastroianni en “La Dolce Vita” (1960) de Federico Fellini.

ANITA-EKBERG

He vuelto a ver la secuencia de una película que he disfrutado varias veces a lo largo de mi vida. Marcello Rubini, Marcello Mastroianni, El Grande, periodista todoterreno en una Roma de contrastes brutales, acompaña en su escapada nocturna a Sylvia, Anita Ekberg, una estrella de Hollywood que acaba de aterrizar en la ciudad. Deambulando por un estrecho y vacío laberinto de calles, Sylvia encuentra un gatito blanco y le pide a Marcello que le busque un poco de leche. Mientras éste busca con desespero un vaso de leche, Sylvia, se encuentra de golpe con la Fontana de Trevi, vacía en todo su esplendor barroco. Cuando Marcello llega a la plaza hecho un pincel, pese a la noche loca que lleva encima, con su vaso de leche en la mano, la estrella se ha descalzado y se ha metido en la balsa de la fuente, contoneándose feliz de su ocurrencia. ¿Quién no ha soñado alguna vez que esa auténtica diosa del Olimpo le animase a seguirla, “Marcello, come here, hurry up!”? ¿Quién no ha sentido la embriagadora mezcla de saber que está cometiendo una locura, pero al mismo tiempo desear llevarse por la tentación?

Fotograma del largometraje "La Dolce Vita"

Fotograma del largometraje “La Dolce Vita”

De esos vértigos y deseos que llenan la vida, quizás me conformaría con el más modesto de ellos: poder estar una noche en la Fontana de Trevi vacía, en soledad o para compartirla con la mejor de las compañías. El cine forja nuestros anhelos más íntimos, modela la forma que nos gustaría que tuvieran nuestros sueños. Las grandes películas son las mejores promotoras de ciudades, paisajes y lugares. A veces planteamos nuestras escapadas de lo cotidiano tratando de visitar lugares que nos han estremecido en la oscuridad de una sala de cine. Aunque luego sea precisamente ese mismo reclamo el que haga que lleguemos a esos lugares deseados y estén repletos de extras que no aparecían en nuestro particular guión. Aunque convertidos en simples turistas, seamos nosotros mismos los que estropeemos a otros soñadores la magia de su momento.

trevi turistas

La Fontana di Trevi repleta de turistas

Siempre que he estado en Roma he ido a esa majestuosa fuente que hizo Nicola Salvi por encargo del Papa Clemente XII. Por supuesto, nunca he podido disfrutarla a solas como hicieron Marcello y Sylvia. Quién sabe si con la suficiente persuasión femenina o si sonase la música de Nino Rota, me atrevería a meterme en ella.

Jorge Merino, actor valiente

Portada Jorge Merino

Jorge Merino es un actor valiente que vive su profesión con el mismo entusiasmo que cuando empezó con catorce años. Inteligente, pícaro, noble, ingenioso, trabajador. Personas como él son las que conforman una estructura cultural y teatral apasionada y apasionante. Un luchador nato que sobrevive con su arte contra viento y marea. Y contra un 21% de IVA cultural que nos está ahogando a todos. Jorge, actor valiente y grande.

 

¿Quién es usted?

Jorge Merino Gascón. Nací el 12 de julio de 1965 en Madrid, donde resido actualmente.

Pero de verdad, ¿quién es Jorge Merino en realidad? Sé sincero.

Es un cobarde que se hace el valiente.

¿Cómo te trata la vida? ¿Te sientes a gusto con lo que estás haciendo?

El siglo pasado me trató mejor. Llevo un comienzo de siglo un poco “regulero”.

«El trabajo de actor es pura inconstancia. Cuando trabajas es un privilegio»

Actor de toda la vida.

Siempre quise ser actor. Pero no sabía cómo empezar. Ni siquiera sabía que eso se enseñaba. Me lo contó un compañero de colegio que estudiaba violín en el conservatorio de música de Madrid. Me dijo que en la cuarta planta se estudiaba teatro. Cuando tenía 14 años, me iba por mi cuenta a ver teatro. En aquella época los estudiantes no iban en grupo al teatro, cogidos de la oreja por el profesor. Yo compraba mi entrada y veía, por ejemplo, “Seis personajes en busca de autor”, con Manuel de Blas y Nuria Gallardo en el reparto. O “Calígula”, protagonizada por José María Rodero. Sentía veneración por los actores. Ni siquiera me fijaba en la dirección; no sabía lo que era eso. También vi a José Bódalo en “Tres sombreros de copa”. Mis compañeros iban al cine a ver “Evasión o victoria” y yo me iba solo al teatro a ver “Un enemigo del pueblo”, en el Espronceda, con Carlos Ballesteros de protagonista. Era el rarito de la clase.

Videobook de Jorge Merino

¿Cuál consideras que ha sido tu mejor trabajo o interpretación?

El trabajo que recuerdo con más cariño es “Las alegres comadres de Windsor” de Shakespeare. El estreno en Almagro fue emocionante. Quizá sea el momento teatral más bello de mi vida. Hubo una comunión entre actores y director, y eso se transmitió a la escena.

¿Es duro el trabajo de actor? Si no hubieses sido actor… ¿Qué te gustaría haber sido?

El trabajo de actor es pura inconstancia. Cuando trabajas es un privilegio. No pensé nunca en otro trabajo, ni he hecho otro trabajo. Sobrevivir cuesta cada vez más, pero ahora es un poco tarde para aprender otro oficio.

«No hay muchos papeles para gordos, pero tampoco hay muchos gordos. Me ahorro muchas pruebas multitudinarias»

Actor casado con actriz ¿Cómo se lleva eso?

Vivir con una actriz conlleva sumar inseguridad a inseguridad. Pero, también, significa comprensión. Saber que estar diez meses en paro puede ser normal. Entender que un sábado es superlaborable o que un bolo es más importante que un evento familiar es algo que una actriz comprende bien.

Jorge Merino y Trinidad Iglesias

Jorge Merino con su mujer, la actriz Trinidad Iglesias Foto: Carlos Laullón

¿Cómo te ha condicionado el físico a la hora de conseguir papeles?

El físico me ha condicionado mucho. Creo que para bien. No hay muchos papeles para gordos, pero tampoco hay muchos gordos. Me ahorro muchas pruebas multitudinarias.

Jorge Merino tiene un enorme sentido del humor

Jorge Merino tiene una barriga casi tan grande como su sentido del humor Foto: Trinidad Iglesias

¿Qué recuerdos guardas del rodaje de “Tranvía a la Malvarrosa”?

Tengo muchos recuerdos. Recuerdo que se grabó mi entierro antes de que se rodara ningún plano mío. Yo fui al rodaje ese día, así que vi mi propio entierro.

Antes del rodaje, estuve tomando clases de moto en un circuito en MóstolesRecuerdo la cara que puso el dueño de las motos cuando comprobó que yo no había cogido una vespa en mi vida. Los otros alumnos iban a practicar en el circuito para sacarse el carnet. Sabían ir en moto, pero el examen les exigía unas virguerías que practicaban allí. Ver sus caras cuando me caía, cosa que pasaba muy a menudo, tenía su precio.

La vespa la habían alquilado a un amante de las motos antiguas. Ese hombre no hacía negocio alquilando motos. Las coleccionaba en su taller y las trataba con mucho mimo. En principio, estaba encantado de que su vespa apareciese en su película, pero cuando se enteró de que teníamos que ir en su moto Liberto y yo, no puso muy buena cara. Ten en cuenta que en aquella época yo pesaba unos 160 kilos. Liberto estaba delgado, pero no bajaría de los 70. Aquel hombre veía 230 kilos encima de su moto. Recuerdo que en los ensayos me decía “Llevas la moto muy bien”, pero era porque sufría pinchazos en el estómago cada vez que me subía a su preciada vespa. Sufrió de lo lindo.

También me puse a fumar puros; yo no había fumado ni un cigarrillo entero en mi vida. Pedí en el estanco un puro grande, de marcas no tenía ni idea. Empecé a fumarlo en la terraza del Café Comercial y a los pocos segundos toda la Glorieta de Bilbao giraba a mi alrededor.

Jorge Merino en un ensayo de "Tranvía a la Malvarrosa"

Jorge Merino en el rodaje de “Tranvía a la Malvarrosa” Foto: Joan Antoni Vicent

Volviendo al rodaje, recuerdo que el primer día rodábamos la secuencia en la que con un plátano en cada mano, enseño cómo se clavan las banderillas al quiebro. José Luis García Sánchez me dijo que comiera poco, porque quizá habría que repetir, y acababa la secuencia comiendo un plátano. No le hice caso. Me comí más de diez plátanos aquel día.

Recuerdo que un día nos metieron prisa para un ensayo y salí con el peluquín sin fijar. Llegó un golpe de viento y me quedé con medio bisoñé colgado.

Y recuerdo la gran cantidad de actores valencianos que dieron mucho talento y recibieron poco dinero.

¿Cómo ves el momento actual de la cultura en España, el cine, el teatro? ¿Y el entretenimiento y la televisión?

La gente quiere que le cuenten historias. Eso no cambiará nunca. La ficción española funciona muy bien. Si un lunes sumas las audiencias de “La que se avecina”, “Isabel” y “Cuéntame un cuento”, te das cuenta de que la mayoría absoluta de los televidentes está viendo series españolas. El cine, salvo excepciones, no conecta tanto. Ahí pasa algo raro. Con el teatro soy pesimista. La creatividad no morirá nunca, pero si las cuentas no salen, el actor tiene que trabajar en varios proyectos a la vez. Y compaginar pluriempleos es complicado.

Perfil de Jorge Merino en IMDB

¿Cómo vives las redes sociales?

Las redes te permiten saber cosas de personas con las que habías perdido el contacto. Eso es bueno. Si se utilizan bien no hay problema. El peligro que tiene un cuchillo jamonero en mi mano es enorme. Pero la culpa es mía, porque soy un zarpas, no del cuchillo.

Un día en tu vida.

Me levanto y espero…

Tu plan ideal.

Me levanto y me voy a trabajar.

«Con el teatro soy pesimista. La creatividad no morirá nunca, pero si las cuentas no salen…»

¿Con qué te quedas de todo lo vivido hasta hoy?

Me quedo con todo. Más que nada, porque ya caducó la garantía.

¿Cómo son tus ojos de mirar?

Siempre busco el lado chusco. Frivolizo para ahuyentar mis miedos.

Dame una buena noticia y una mala. En el orden que tú quieras. Y sobre lo que quieras.

El Partido popular baja el IVA cultural. El Partido popular gana las elecciones, vuelve a subir el IVA cultural y blinda esa subida con una reforma constitucional, pactada con Podemos. Son dos noticias increíbles.

Un héroe. Un villano.

No creo en héroes ni villanos. Creo que todos somos supervivientes, con nuestro poquito de egoísta y de altruista.

Un sueño.

Poder permitirme el lujo de no trabajar. Para seguir trabajando.

Gracias por la entrevista, Jorge. Eres uno de los actores más valientes que he conocido.