Estudiar francés

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Estudiar francés

    Casi todos nos hemos dicho alguna vez: “Debería estudiar idiomas”, pensando en el inglés, ¿verdad? Pero, ¿por qué no desmarcarte y aprender un idioma diferente, estudiar francés, por ejemplo?

   He de reconocer que, cuando empecé a estudiarlo, creo que influenciada por los anuncios de perfumes en TV, no me gustaba mucho, me parecía cursi y ridículo, pero mi excelente profesora, Ana Rodríguez, me hizo cambiar de opinión. Ella, como la mayoría de profesores de las Escuelas Oficiales de Idiomas, con fantásticos métodos de enseñanza, conseguía que sus alumnos aprendiésemos pasando muy buenos y divertidos momentos, transmitiéndonos su amor por el idioma y la cultura francesa. Ahora me encanta y lo disfruto cada día leyendo, viendo sus películas, oyendo y cantando sus canciones o, simplemente, hablándolo.

       ¿Por qué aprender francés?

       Dependiendo de tu motivación para aprender idiomas: por trabajo, por placer, para viajar, etc., hay numerosas razones para elegir francés:

  • Porque el francés es una lengua romance con raíces latinas preciosa. Conocida como “la lengua del amor”, tiene una entonación y una musicalidad que satisfacen al oído, alivian el alma y alegran el espíritu.
  • Porque son muchas las empresas que tienen relaciones comerciales con países francófonos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, muchas empresas contratan profesores de este idioma para impartir clases a sus empleados. Otras recurren a las Escuelas Oficiales de Idiomas solicitando estudiantes de nivel medio-alto.
  • Porque son miles los turistas franceses que visitan la comunidad cada año, especialmente la costa mediterránea.
  • Porque también se habla en Canadá, Bélgica, Luxemburgo, Suiza y otros 51 países que, en su mayor parte, fueron colonias francesas, donde podrás viajar y comunicarte en su propio idioma.

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La torre Eiffel en un día nublado


     ¿Sabías que son más de 200 millones de personas que lo hablan en los cinco continentes, de los que en 33 países es lengua oficial?

     Además, siendo la tercera lengua en internet, por delante del español; tendrás una gran información que te hará ver el mundo con otra perspectiva.

   El francés es, también, uno de los idiomas oficiales en muchos organismos internacionales. De las 4 ciudades europeas con sedes institucionales (Estrasburgo, Luxemburgo, Bruselas y Frankfurt), tres son francófonas o lo son parcialmente.

     Comprobarás el gran placer de leer a Molière, con sus proverbios, refranes y frases cortas pero inteligentes, divertidas y de fácil lectura, en su propio idioma. Los libros de aventuras de Julio Verne, o “Madame Bovary” de Gustave Flaubert, entre otros. También podrás disfrutar de su cine en VO, apreciando más y mejor las emociones del personaje y sin subtítulos, porque leyéndolos te pierdes escenas de la película y porque subtitulan lo estrictamente necesario, por motivos de espacio y tiempo. En referencia a su cine, con la Nouvelle Vague, aparecieron sus creadores e impulsores, directores como François Truffaut: “Los 400 golpes”, “Jules et Jim” o “Le dernier métro”, “El pequeño salvaje” y “La piel dura” son las más conocidas; Jean-Luc Godard, caracterizado por su acidez crítica y la belleza de sus imágenes como en “À bout du soufflé”, “Banda aparte” o “Pierrot el loco”. Y, ¡cómo no mencionar a Alain Resnais y su bella historia de amor en “Hiroshima mon amour”, con la guerra de fondo! o la famosa “Cyrano de Bergerac” de Jean-Paul Rappeneau, entre otros muchos.

      En música francesa, destacaría, por mi amor a ellos, cantantes como: Édith Piaf, también conocida como “La Môme”, con canciones como: “Non, je ne regrette rien” o “La Vie en Rose” (de la que se hicieron innumerables versiones). Charles Aznavour, considerado uno de los artistas de la posguerra más destacados en Francia, fué embajador de la canción francesa en el mundo entero con canciones como “La bohème”, entre otras. Georges Brassens, sus canciones, sencillas y elegantes, considerado uno de los mejores poetas franceses de la posguerra que ganó el premio nacional de poesía con canciones como “Mourir pour des idees”; Jacques Brel, fue cantante y actor belga francófono, son muy apreciadas sus canciones por la poesía y honestidad en sus letras, “Ne me quitte pas”, la de mayor éxito. Otro cantante de renombre y al que amo especialmente es Giuseppe Moustacchi (más conocido como Georges Moustaki). Escuchar cantar a Georges Brassens, fue para él tal revelación, que adoptó su nombre (Georges) como nombre artístico.

     También es reconocida y apreciada por los más jóvenes la música actual como el estilo de Jazz de la cantante Zaz, su tema más conocido “Je veux” (Yo quiero).

      Altamente valorados los numerosos raperos franceses como Keny Arkana, “La rage” (La rabia) o Booba o Rohff, entre otros.

   Lo dicho, el francés es un idioma muy hablado en Europa y en otras partes del mundo. El español recibe muchos préstamos de la lengua vecina; palabras como chalet, chaqueta, tour, jamón, hotel, maquillaje, vinagre, etc., son de origen francés.

    ¿Dónde estudiarlo?

    Sin ningún tipo de duda en una Escuela Oficial de Idiomas (EOI) donde los profesores, habiendo superado unas duras oposiciones, forjados con buenos y eficaces métodos de enseñanza, mayoritariamente amantes de su trabajo y del idioma que imparten, te iniciarán y estimularán en su aprendizaje.

    Igualmente, puedes acudir a lugares y puntos de encuentro, como el Instituto Francés, el Liceo francés, la Alianza francesa o crear grupos de conversación con otras personas interesadas por el idioma. Son muchos los estudiantes de diferentes niveles, o los que, habiendo terminado todos los cursos, lo deseen practicar y francófonos que, al mostrarte interesado por hablarlo, ¡te ayudarán encantados!

Truman

     Truman 1“TRUMAN”, QUIEN TIENE UN AMIGO TIENE UN TESORO

     Truman 2La última película de Cesc Gay, Truman, es una de las mejores cosas que le ha pasado al cine español en los últimos tiempos. Una aproximación naturalista que cuenta el reencuentro de dos amigos en una situación muy delicada en la vida de uno de ellos. Narrada con sobriedad, con una buena banda sonora y con unos intérpretes en estado de gracia, Javier Cámara y Ricardo Darín, Truman es, ante todo, una película que gira en torno a dos ejes fundamentales: cómo afrontar la propia muerte y la Amistad, así, con mayúsculas. Su principal virtud sería cómo teniendo todos los ingredientes para ser una película lacrimógena, evita caer en ello gracias a la naturalidad, el humor y los sutiles matices de sus actores. Conmueve sin trampa ni cartón.

     Nada más verla me puse a recordar otras películas en las que la amistad era la parte esencial del guión, no un simple elemento complementario. Esa clase de films que se solían definir en las reseñas cinematográficas de antaño con la frase: “la historia de una gran amistad”.

     Si bien, la infancia y la adolescencia suelen ser los territorios en los que los amigos lo llenan todo, no es de esa amistad de la que versa la película de Cesc Gay. El cine ha tratado con acierto la incondicional entrega de la primera amistad: Cuenta conmigo (1986) de Rob Reiner, con el viaje iniciático de cuatro muchachos; los tres amigos de Barrio (1998) de Fernando León de Aranoa y sus sueños de huida de la periferia urbana; o Adiós, muchachos (1987) de Louis Malle, autobiográfico film ambientado en un colegio católico en la Francia ocupada de 1944 que narra la amistad entre un muchacho católico y un recién llegado chico judío.

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     En seguida me vienen a la cabeza historias de amistades femeninas, tejidas con mimbres diferentes a las masculinas, más cómplices, quizás, más solidarias en la adversidad cotidiana y más espontáneas en la demostración física del afecto. Magnolias de Acero (1989) de Herbert Ross o Thelma y Lousie (1991) de Ridley Scott serían buenos ejemplos de ello. Llegados a este punto habría que preguntarse aquello de si es posible la verdadera amistad entre un hombre y un mujer. Aunque creo firmemente que sí, resulta difícil encontrar ejemplos cinematográficos exentos de tensión sexual, siempre presente en el cine romántico de Hollywood. En el terreno resbaladizo las relaciones a tres, generalmente de dos chicos y una chica, se han realizado memorables películas que acaban siempre en triángulo amoroso, aunque no necesariamente en tragedia: Jules et Jim (1961) de François TruffautEl Prado (1979) de los Hermanos Taviani o Y tu mamá también (2001) de Alfonso Cuarón.

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     En la amistad entre Julián (Darín) y Tomás (Cámara) tampoco existe ninguna tensión sexual. La reflexión sobre la homosexualidad en el cine, sin duda interesante, se aleja del propósito de estas líneas. Sin embargo, recuerdo perfectamente una película de 1984 Another Country de Marek Kanievska, ambientada en un colegio británico de élite de los años 30, que muestra una verdadera amistad entre un diletante gay interpretado por Rupert Everett y un heterosexual marxista, Colin Firth en sus comienzos.

   Escenas significativas de amistad en el cine existen de muchas clases y de protagonistas muy dispares. Las relaciones de amistad entre un niño y una persona mayor pueden ser el núcleo de películas tan diferentes y entrañables como Cinema Paradiso (1988) de Giuseppe Tornatore con la inolvidable música de Ennio MorriconeUn Mundo Perfecto (1993) de Clint Eastwood o, porqué no, Up (2009), una de las mejores películas de animación de la factoría Pixar. O aquellas amistades forjadas en las condiciones más hostiles, como en la cárcel: la epopeya basada en hechos reales de Papillon (1973) de Schaffner que cuenta la relación entablada entre Henri (Steve Mc Queen) y Louis (Dustin Hoffman) o la no menos conmovedora entre Andrew (Tim Robbins) y Red (Morgan Freeman) en Cadena Perpetua (1994) de Frank Darabont. Entre mis favoritas estaría, sin duda, “Dersu Uzala” (1975) de Akira Kurosawa: la confraternidad entre un oficial del ejército zarista ruso y un cazador mongol en los impresionantes paisajes de la taiga siberiana. ¿Y acaso no es uno de los más desgarradores ejemplos de amistad la de Joe (Jon Voight) y Ratso (de nuevo, Hoffman) en Midnight Cowboy (1969) de John Schlesinger mientras suena la voz de Nilsson en Everybody’s talkin’?

     Truman 6Otras veces las amistades en el cine responden a la frase, “con amigos como éstos, quién necesita enemigos”. Las películas hechas a lo largo de los años por la pareja Jack Lemmon y Walter Matthau demuestran que esa clase de relaciones envenenadas pueden ser una fuente inagotable de humor. Sobre todo cuando se produce la magia de que coincidan unos grandes actores como ellos con un genio como Billy Wilder.

     Grandes películas que están en nuestra memoria poética han tenido como alma la camaradería de dos compañeros de armas, Danny (Sean Connery) y Peachy (Michael Caine) en El Hombre que pudo reinar (1975) de John Huston, o el aprecio más allá de las clases sociales y las circunstancias políticas entre Alfredo (Robert de Niro) y Olmo (Gérard Depardieu) en Novecento (1976) de Bertolucci. El cine nos ha dado sobradas muestras de esa delicada y compleja forma de amor que es la amistad y que poco tiene que ver con la acumulativa virtualidad de las redes sociales.

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     Cesc Gay, Ricardo Darín, Javier Cámara y todo el equipo de Truman, han logrado algo muy difícil: conseguir que la amistad se palpe en la pantalla, se respire, exista en cada plano y sin necesidad de decirla con diálogos impostados.