Angel Manzano, un cortometrajista muy legal

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Ángel Manzano, un cortometrajista muy legal

Ángel Manzano Garrido (Vigo, 1972). Director, productor y guionista. Y mucho más. Una gran persona con un sentido del humor excelente, un buen amigo, un padrazo y todo un personaje, El único. Un valiente que dejó atrás un pasado y se lanzó al presente con éxito y con un futuro muy prometedor por delante.

Antes del sector audiovisual, tengo entendido que te dedicabas a la abogacía. ¿A qué se debió ese giro tan radical?

Es fácil decir porqué decidí colgar la toga y pasarme al tortuoso camino del mundo audiovisual: odio el Derecho. No de manera general, sino ejercerlo yo. Empatizaba demasiado con los problemas de mis clientes hasta el punto de llevármelos a la cama (los problemas, no los clientes). Cuando tuve oportunidad, y con el total apoyo, tanto anímico como económico, para qué nos vamos a engañar – de mi maravillosa esposa, Áurea, mandé la abogacía a hacer puñetas.

¿Y cómo fue tu debut en este mundo?

Paradójicamente para un ateo recalcitrante como yo, se puede decir que lo mío fue “llegar y besar el santo”. Mi guión de Tupper llegó a manos de Javier Gutiérrez (no sólo uno de los mejores actores de este país, sino, y pese a su estatura, una de las personas más grandes que he conocido), le gustó y rodamos el cortometraje junto a mi otra debilidad, la polifacética actriz Belén Constenla, y el generoso Fran Peleteiro.
Nosotros fuimos los primeros sorprendidos al ver el resultado final: aquello que empezó como un pasatiempo de verano, se convirtió en un más que digno trabajo. Así que lo que iba a ser “carne de Youtube” emprendió su viaje por festivales.

Creo que esa educación fílmica es lo que me lleva a que mis trabajos tengan, en todo momento, en mente, el entretener al espectador, aunque sea con la crítica social de fondo.

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Veo que has obtenido premios por tu primera obra, Tupper. ¿Qué sentiste?

De nuevo, “chegar e encher”, como decimos en mi tierra: primer certamen en el que concursamos, primer premio. Mejor dicho: primeros premios. El del Público y el de Mejor Actor (para el inmenso Javier) en el peculiar y recomendabilérrimo Festival de Cans. Correr como un desquiciado entre los asistentes a esa fiesta del agroglamour para recoger el “Can de Pedra” a la Mejor Interpretación Masculina – ya que no entraba en nuestras cabezas que consiguiéramos absolutamente nada, en un primer trabajo hecho con mucho cariño y sacrificio, pero con dos duros; el equipo y yo nos habíamos colocado al otro extremo del escenario– lo considero el momento en que empecé, poco a poco, a considerarme cineasta. Sin embargo, y pese a las selecciones conseguidas y los premios obtenidos (algunos de carácter internacional), todavía no me lo creo del todo.

Trailer Tupper [2014] from Gromland on Vimeo

Y, tras el éxito del primero, hay un segundo corto, Deber. ¿Qué nos puedes contar de él? ¿También habrá un tercero?

Lo cierto es que nuestro segundo trabajo, Deber, ya ha empezado a dar sus pasitos él solo…, y no ha tropezado de momento: Premio del Público (de nuevo) este año en Cans y Premio al Mejor Cortometraje en Redondela en Curto.

A ver qué pasa con Bunker, última parte de la “TERlogía Gromiana”, que en estos momentos se halla en preproducción.

Podría decirse que tu productora es muy familiar, ¿no?

Gromland Producciones, el nombre comercial bajo el que trabajamos, lo sigo viendo como un chiste privado entre Ricardo, Fernando – mis hermanos; coproductores de mis trabajos, siendo el segundo también montador de los mismos– y yo.

Además, tal y como está el sector (¡qué coño, tal y como está el país!), los proyectos que nos planteamos deben seguir siendo pequeños en la forma y grandes en espíritu…, o algo así. Hasta el momento no ha surgido el que Gromland se dedique a la producción de trabajos ajenos, pero mira, si de repente a Inditex le da por contratarnos para su campaña de invierno, no seremos nosotros quienes nos neguemos. Sobre todo, si nos pagan ochenta millones de euros por spot; que me da que no va a ser el caso, aunque la esperanza es lo último que se pierde. Y sino, que se lo digan a los votantes de Madrid.

Ángel, en la lectura de un guión

Ángel, en la lectura de un guión

Decías que uno de los grandes problemas es el de la financiación de tus proyectos…

El caso es que todo va más lento de lo que me gustaría pues, hasta ahora, trabajamos mediante autofinanciación. Ni ayudas públicas ni subvenciones.
A veces pienso que es por una cuestión de mantener intacta mi libertad creativa; pero he de reconocer que mi problema es lo despistado que soy y que siempre se me pasan los plazos.
Afortunadamente, conseguimos algún que otro patrocinio que facilita las cosas a la hora del rodaje – eso de no darle de comer a los actores está muy mal, digan lo que digan algunos – y, también, reducir algo el presupuesto.

¿Cuál es tu secreto?

Tanto “Tupper” como “Deber” tienen pequeños detalles ocultos. Procuro que las historias que muestro sean entretenidas, con algo de suspense, con giros que mantengan el interés de la audiencia, y utilizando el humor como referente básico. Vamos, que en otra vida me hubiera encantado ser Roald Dahl. Pero no lo soy ni de lejos, claro.

“DEBER” – Trailer from Gromland on Vimeo

Y, a parte de escribir y dirigir, ¿tienes alguna pasión inconfesable?

Es perfectamente confesable: “La Guerra de las Galaxias” que viene de cuando mi padre nos ponía en Super-8 la huída de la Estrella de la Muerte (“¡No te preocupes! ¡La nave aguantará!”). De ahí que sea la razón por la que amo el cine. No sé cuál será realmente la mejor película de la Historia, pero lo que sí tengo claro es que para mí el Episodio IV es LA película.
Creo que esa educación fílmica es lo que me lleva a que mis trabajos tengan, en todo momento, en mente, el entretener al espectador, aunque sea con la crítica social de fondo.

Una gran pasión que, por lo que veo, llega, incluso, hasta el ámbito familiar.

Sí, mis hijos se llaman Lucas (Luke me pareció demasiado evidente) y Leia (aquí ya no me importó tanto la evidencia). Pero también conozco a gente que se llama María por la Virgen. Así que no soy el primero que le pone a sus hijos el nombre de algo imaginario.

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Tal y como está el sector (¡qué coño, tal y como está el país!), los proyectos que nos planteamos deben seguir siendo pequeños en la forma y grandes en espíritu.

¿Cómo son tus ojos de mirar?

Intento tener una mirada reflexiva y crítica (en ocasiones, algo cínica). Una de las pocas cosas que saqué del ejercicio de la abogacía es que no hay una sola verdad, por lo que me detengo a ver las posibles aristas de las cosas, a escudriñar lo que tengo delante. Aunque puede que también influyan las dioptrías que gasto…

Por último, Ángel, cuéntanos un día perfecto en tu vida.

Mi día perfecto es aquél que incluya a mi mujer, mis dos niños y la hora del vermut. Disfruto haciendo cosas tranquilas y sencillas (comer fuera, un café en una terracita o un simple viaje en tren con ellos). Será porque ya he hecho demasiadas cosas frenéticas en mi vida. O, directamente, porque tener un niño de seis años y una niña de cuatro meses agota, y que ya no puedo con los cojones. Se puede decir “cojones” a esta hora, ¿no?

Pues, tan solo me queda añadir: ¡Que la fuerza te acompañe!

 

– Spot de la Premiere de “Tupper”: https://vimeo.com/86054052

– Vídeo resumen del cortometraje “Deber”, que incluye teaser-avance-averquépasa del próximo trabajo de Gromland Produccioneshttps://vimeo.com/118578750