Me gustó más el libro I

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       ME GUSTÓ MÁS EL LIBRO (I)

      Posiblemente sea esta la frase más pronunciada a la salida de un cine donde se haya proyectado la adaptación de un libro de cierto renombre: -“Me gustó más el libro” -“Sí, a mí también me gustó más el libro”.

         Y de eso quisiera hablar hoy: de libros y de cine. O, más bien, de los libros, muchas veces desconocidos que hay detrás de películas famosas. De hecho, a veces ignoramos que films de gran éxito sean adaptaciones literarias. Las hay fieles, traidoras, comerciales, muy personales…  De todo tipo. Así pues, empecemos.

    Una advertencia: esto va de cine y de literatura, así que dejo de lado, muy conscientemente, a los vampiros sensibles, el bondage de mercadillo, los códigos secretos y demás bestseller escritos con la muy poco oculta intención de ser llevados al cine.

        LA ILIADA

      Y por empezar por algún sitio, empecemos por el principio, lejos en el tiempo: “La Ilíada”.

      De todos es conocido a estas alturas el argumento de este grandioso poema que narra los últimos días de la guerra de Troya. Es una obra, lo reconozco, difícil de empezar a leer: en verso, con un lenguaje antiguo, multitud de nombres extraños, etc., pero asimismo es un relato grandioso, árido, violento, lleno de lucha, esfuerzo, sangre y polvo. Valga un ejemplo:

       Le asestó un golpe bajo la oreja Penéleo, y la espada se hundió entera y sólo aguantó la piel; la cabeza quedó colgando y los miembros se desmayaron.

     Los que conozcáis “La Ilíada” y hayáis visto “Troya”, quizás os preguntéis lo mismo que yo: en medio de este universo seco y despiadado de guerreros feroces y dioses  caprichosos y vengativos, ¿qué carajo pinta Brad Pitt depiladito y en minifalda trotando por los llanos de Ilión? ¡Ojalá, Zeus Cronión lo fulminase con su rayo! Esta película es un ejemplo de cómo destrozar una gran obra literaria y convertirla en un mal producto comercial de consumo masivo. De hecho, si Homero levantara la cabeza, creo que  agradecería a los dioses su ceguera.

        EL LIBRO DE LA SELVA

        Y, sin embargo, se puede  traicionar una obra sublime y, al mismo tiempo, hacer una película maravillosa. La mayoría de la gente conoce “El libro de la selva” como una joyita de Disney, y a fe mía que lo es. Confieso que me tiene robado el corazón. Sin embargo, pocos conocen el tremendo libro de Kipling en el que se basa: una obra enérgica, de instintos y contradicciones, de personajes fuertes y apasionados, cazadores y rivales sin escrúpulos que luchan en un ambiente hostil y que menosprecian a los débiles humanos, donde el amor es sólo instinto reproductivo… En definitiva, algo muy alejado de un relato infantil donde los personajes y la trama, siendo los mismos, no son en absoluto iguales.

        EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

        Hay, sin embargo, directores que en apariencia lo cambian todo, pero consiguen conservar lo esencial, el espíritu mismo de la obra literaria. El mejor ejemplo es, a mi entender, “Apocalypsis now”, de F. F. Coppola, su personal adaptación de un gran clásico: “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad. Cambia la época, el continente, la ambientación, pero el libro es perfectamente identificable en ese viaje hacia lo peor de nosotros mismos, hacia ese horror de Kurtz, que estremece igual en lo profundo de África o en las selvas de Asia.

        Sorprende conocer la gran cantidad de películas muy famosas, es más, de clásicos del cine, que están basadas en novelas aparentemente menores o no tan conocidas como las películas que inspiraron. Algunos ejemplos:

        CAZADOR BLANCO, CORAZÓN NEGRO

     “Cazador blanco, corazón negro”, de Clint Eastwood, basada  en la novela homónima de Peter Viertel, amigo y guionista que fuera de John Huston, en la que narra el caótico rodaje de “La Reina de África”, sometido a los caprichos del director, empeñado en cazar un elefante, ¡sin ser rey, ni nada!

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