Portadas de blog

portadas del blog 1PORTADAS DE BLOG

      Las portadas de blog son uno de los primeros reclamos al que se enfrenta el posible lector que transita por Internet. La capacidad de estas imágenes para atraer y convencer al público, para que dedique cinco minutos de lectura, está fuera de toda duda. Una buena portada en el blog allanará el camino y hará más fácil la elección del lector ocasional o del fiel amigo.

   Conscientes de esta realidad, semana tras semana intentamos transmitir, por medio de nuestras portadas, lo mejor de nosotros mismos y de lo que se encontrará el visitante cuando nos descubra. Una buena foto, un dibujo, un cuadro, un grafismo puede derivar la balanza en una visita a nuestra web o en un paso sin miradas.

      Éstas son algunas de las portadas que han desfilado por Los ojos de mirar. No están todas las que son, pero sí son todas las que están. Hoy os contamos algunas de las claves de estas portadas. ¡Que las disfrutéis!

Xavier Monsalvatje, artista outsider

      portadas del blog 2A mi querido compañero del colegio, donde compartimos pupitre durante años, lo cacé colgando un cuadro de grandes dimensiones. El cuadro sobre el que nos habla en la entrevista, tanto por escrito como en vídeo. La foto contiene todo lo que yo quería: Xavi, parapetado por su obra, en un momento de concentración activa, desmelenado, calculando las distancias, observante detrás de sus gafas. El artista se intuye, no se expone por completo, su obra marca la dirección de la foto.

      Pilar García Mata, mentalmente desnuda

portadas del blog 3 mentalmente desnuda 1      Quería cerrar por vacaciones de verano el blog. Pensé en un reportaje sobre playas o cremas, o de viajes veraniegos. Finalmente, pensé en dejar una guardiana en la portada, que a lo largo del verano, recibiera al visitante acalorado y le diese un poco de mimo y frescura. Pilar se prestó rápidamente: “si quieres me desnudo para la portada…”, más tarde me aclaró que se trataría de un desnudo mental. Nos fuimos a la playa del Saler para realizar las fotos, entre familias de domingueros, niños jugando con cubitos de arena de playa, sombrillas horteras y señores panzones. Logré evitar todo eso y concentrarme en Pilar. ¡Yo no sabía que una mujer podía tener tal cantidad de bikinis en su colección!

Love is in the web

portadas de blog 4 Love is in the web   Primer artículo de la colaboradora menorquetres en el blog y primera vez que me planteo combinar un cuadro de carácter clásico (Adán y Eva, de Rubens) con un grafismo radicalmente actual, el de las redes sociales. Creo que la portada logra relacionar las nuevas formas de la atracción entre personas en la web con una relación considerada la más antigua del mundo: Adán y Eva.

      Lujuria

portadas de blog 5 lujuria      La relación entre cuadros y grabados antiguos con modernos grafismos continúa. La búsqueda de una imagen adecuada para el tema me hace adentrarme en todo un mundo de sexo lujurioso en Internet. Dudo entre muchas imágenes hasta que encuentro ésta: portada de “The school of Venus”. Una vez la encuentro ya no dudo, lo tengo clarísimo desde el primer instante: es la portada. La imagen, pese a ser muy explícita, tiene un halo de inocencia, naturalidad y buen humor que me encanta. La señora que espera en la cola y se estira de los pelos ilusionada esperando que le toque me parece genial. Rosa Clara García tiene una potente portada con la que empezar la magnífica serie de relatos que, a día de hoy, está desarrollando.

 Borja Flors, aquí y ahora

portadas de blog 6      La foto de Borja la realizo, como tantas otras, en medio de la calzada, con el gustillo que da sentirse amenazado en cualquier momento por un vehículo o por un guardia. Esa sensación que nos mantiene despiertos, activos y nos obliga a solucionar rápidamente lo que nos llevamos entre manos, en este caso un retrato. Yo cuido del modelo y el modelo cuida de mí. Borja es un valiente inteligente, que está ahí y en ese momento, cerrando un capítulo de su vida y a punto de comenzar una nueva aventura. Me consta que en Australia se lo quieren quedar para ellos. ¡Devolvédnoslo, malditos antípodas! Su planta segura y su mirada lo dicen todo.

      El álbum familiar

 portadas de blog 7     La jovencísima fotógrafa Netele Martínez se incorpora al blog. Y lo hace con un artículo tan reflexivo y potente que parece escrito por una persona mucho mayor que ella. La foto de portada es también una aportación suya, y tiene la virtud de evocarnos una tarde mirando fotos con tan solo presentarnos una silla y una pared con un papel pintado.

Blanco y negro, el alma del color

 portadas de blog 8     Esta portada de blog es un ejercicio puro y duro de diseño gráfico. Un intento de aportar una respiración al magnífico artículo de Honorato J. Ruiz. En esta ocasión, no quiero despistar a los lectores con una imagen. El concepto es claro y simple, y así debe traspasarse en la portada.

      ¡Ah, no os lo he dicho! La letra que utilizo en las portadas para los títulos y nombres es la denominada Impact. La de la dirección del blog es Lato. Y en todas, todas las portadas del blog, aparece siempre nuestro pequeño logo, unos ojos mirones, que no son más que un círculo que contiene dos oes de tipo Harrington, con dos puntitos centrados sobre ellos.

Lujuria

Lujuria-PORTADALujuria

“Hoy voy con el tiempo justo. Que no se me olvide apagar el fuego a menos veinte, que con esto, ya lo tengo todo hecho”

Recuerdo perfectamente haber dicho esto en voz alta. Pero, para ser sincera, tengo ciertas dudas de si lo dije o lo pensé. Déjeme recordar…

¿Cómo se me iba a olvidar? Soy una mujer responsable, madre amorosa y respetada tía de familia. Me he labrado un estatus profesional, digno de cualquier ministra del PP, todo apariencia; a pesar de ciertas lagunas intelectuales. Tengo ropa cara y dos pares de Louboutin. Suelo irme todos los años de vacaciones quince días con mis amigas, que son lo más las tres. No debo mi casa al banco y, por las noches, duermo a pierna suelta. Mis pastillitas ayudan, desde luego. Pero voy reduciendo la dosis y ya sólo tomo una por noche.

El único pero, si es que puedo definirlo así, es mi ex. Mi amado ex. Mi adorado ex. Mi indispensable ex. Hace seis años que nos divorciamos. Yo preferí divorciarme, porque lo de separarnos no me parece cool. Si una decide acabar de querer a alguien, debe hacerlo con todas las consecuencias, pero con un cuidado exquisito, pendiente siempre de cada una de las cláusulas del contrato.

Decía que era el único pero y el motivo es que, por su culpa, sufro una adicción incontrolable, irresistible e indispensable. Un vicio que no puedo revelar en público y casi ni en privado. La única cosa que hacía que deseara salir corriendo de cualquier reunión por muy divertida que fuera, de terminar cualquier cena con las amigas, por muy entretenida que estuviera, de despertarme en mitad de un sueño, por muy erótico que pareciera, era el rabo de mi ex. Perdón, quizás estoy siendo muy explícita. Quizás podría decir que su piel me contagiaba deseo, que sus labios eran los únicos que podían hacerme gritar, que su olor me nublaba el sentido. Podría decir todo esto, porque todo sería verdad. Pero lo que me llevó prácticamente a la locura fue su polla. Su forma, adaptada anatómicamente a mí; su tamaño, perfectamente diseñado para complacerme; su manera de crecer dentro de mi boca, casi de manera imperceptible, tan abrupta y desesperada al final. Ese aparato de mi ex me hizo entrar en un mundo de pasiones desmedidas, que me ha convertido en lo que soy.

Pero, disculpe, me estoy yendo por las ramas. Quiero centrarme. Debo centrarme.

El jueves pasado llegué a casa con palpitaciones. A decir verdad, llevaba con palpitaciones varios días. Todo empezó a raíz de mi coqueteo con esas páginas de internet que anuncian el amor verdadero, la cita definitiva, el compañero ideal. Reconozco que, al principio, era un poco reacia a estas cosas. Pero después de unos años con tanta sequía sexual, me pareció un opción divertida y anónima. Por supuesto, no pensaba utilizar fotos reales, faltaría más. Tengo una reputación y antes muerta que desesperada.

Conozco el mundo intangible y tentador de la red, porque trabajo en él. Pero jamás pensé que pudiera llevarme a esta callejuela sin salida, a este tormento carnal y desbocado. Empecé tonteando algunas noches, contestando mensajes de hombres que estaban desesperados por follar. Estaba realmente horrorizada con tanto capullo, tanto feo, tanto inculto.

Al principio contestaba casi todos los mensajes. Con el tiempo empecé a filtrarlos. Primero por foto. Después por faltas de ortografía. Y, por último, por cómo se manejaban en la seducción. De esta manera me quedaba con muy pocas opciones. A ver, no es que yo sea Brigitte Bardot, pero un poco de amor propio aún tengo. Y no puedo con las fotos esas horrorosas de gente de mi edad que parece que tenga veinte años más. Ni con siete faltas de ortografía en la misma línea. El caso es que tuve que empezar a abrir la horquilla si quería encontrar a alguien con quién quedar alguna noche.
Un día me armé de valor y, después de varios días hablando con un señor de Murcia que parecía agradable y sólo tenía faltas de vez en cuando, me decidí a quedar con él. Honestamente, este señor me ponía muy cachonda de una forma nueva para mí, a través de las palabras y sin ningún contacto físico. Yo sabía que no iba a encontrar nada parecido a mi ex en la cama. O, al menos, eso creía.

La noche de autos fui sin demasiada esperanza al encuentro. La ausencia de sexo en mi vida después de tantos años de orgasmos interminables y placenteros, me estaba convirtiendo en una especie de mantis religiosa en la sombra. Odiaba secretamente a todas las parejas que quedaban el día de los enamorados y, en secreto, planeaba quitarles el novio a todas, demostrando así, que los hombres son lo que son y que yo había nacido para desenmascararles. Pero al llegar al bar de la cita, me encontré que el señor de Murcia era mucho más mono de lo que parecía en la foto. Olía muy bien, y, lo mejor de todo, mostraba un imponente paquete que se intuía majestuoso debajo del pantalón.

Duramos dos gin-tonic allí. Al empezar el tercero dejé de responder de mis actos. Me metió mano tan descaradamente que noté cómo se dilataban mis pupilas y mis genitales. Después del primer beso, todo se agolpaba en mi cabeza. Salir corriendo del bar, llegar a un hotel, arrancarnos la ropa y estar follando hasta que se hizo de día.

A partir de aquí, he entrado en una especie de bucle interminable de pollas y citas. Todas me parecen bien. He bajado tanto el nivel, que la única falta de ortografía que no tolero es Ola sin “h” en el hipotético caso de que no me estuvieran saludando y me estuvieran dando el parte meteorológico. Voy como un potro desbocado conectándome en cada rincón, desatiendo mi trabajo cuando recibo un Whatsapp, encerrándome en baños públicos para tocarme. El deseo se ha apoderado de mi voluntad y me ha engullido sin compasión. Me he hecho experta en mentir a mi familia y siempre encuentro excusas para desaparecer por las noches; volviendo, como una vampiresa, con la boca manchada de sangre y saciada, al cabo de unas horas.

Mis palpitaciones empezaron entonces. Cada cita era más breve y más intensa. Y con menos tiempo entre ellas. Iba como una yonqui enganchada a la red, buscando mensajes, buscando feos con pollas, buscando mi ración de sexo.

El jueves fingí un tremendo dolor de cabeza para poder marcharme del trabajo. De camino a casa, el clítoris me latía como si el corazón se hubiese desplazado allí. Estaba empezando dos historias que me tenían loca y, no aguantaba tanto ardor fuera de casa. Necesitaba desahogarme y, por eso, llegué antes de lo previsto, puse el cocido al fuego y me entregué al arte del sexo cibernético que era lo único que conseguía saciarme entre semana.

Lo demás ya lo sabe usted, doctor. Se me olvidó apagar el fuego, porque el mío era más intenso. Y quemé mi casa.

Venir a terapia puede ayudarme pero, lo que realmente me está descolocando ahora mismo, permítame que se lo diga, doctor, es que no le he visto tomar notas en toda la sesión. Espero no estar aburriéndole demasiado.

-¿Doctor?

El Dr. Muñoz levantó sus ojos del boli que había estado manoseando durante la hora que duró la consulta y, por un momento, miró fijamente hacia donde me encontraba. Juraría que sus ojos eran verdes, pero un destello los convirtió en negros de un plumazo. Me asusté.

– “Debemos seguir con la terapia”, fue lo único que me dijo.

Le pagué y me fui.

Al salir de la consulta, el doctor anotó en su libreta:

“Imposible seguir neutral. Necesito vivir esta nueva vida. Muero de envidia.”

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