Ruso para principiantes (II)

PRINCIPIANTESIIRuso para principiantes (II)

Termina el siglo XIX y termina su mundo. A partir de 1914 todo cambiará, y, sin embargo, la esencia de lo humano, sus dudas, sus temores, sus esperanzas seguirán igual, a pesar de todo. O generándolo todo. En 1917, durante la más terrible de las guerras que el mundo haya conocido, estalla la Revolución de Octubre. ¡Todo se vuelve del revés y todo lo que parecía inamovible es dinamitado de la noche a la mañana! Obviamente, la literatura rusa del siglo XX se vio marcada por los hechos que determinaron la vida de la propia Rusia: la revolución del 17 y la subsiguiente guerra civil, Stalin y sus purgas, y la 2ª Guerra Mundial.

Mitin de Lenin

Mitin de Lenin

Hay que decir que el periodo comprendido entre la Revolución de Octubre y el inicio de las purgas estalinistas tuvo una enorme creatividad artística en Rusia. La pintura, la música, las letras, la arquitectura…, y de repente, la oscuridad. Excepto casos puntuales, como el de Mijail Shólojov, de fidelidad inquebrantable a Stalin, autor de algunos relatos de peloterío inmundo y de una de las más intensas y vigorosas novelas que haya jamás leído, “El Don apacible”, la vida de una familia de cosacos del Don, desde 1914 hasta el final de la guerra civil.

Fue Premio Nobel y tiene una de las más hermosas estatuas que se pueden ver en Moscú (y hay un montón, creedme).

Monumento a Sojolov

Monumento a Sojolov

Tras la muerte de Stalin, algunos autores volvieron a publicar, muy poco a poco y con problemas. Otros, como Boris Pasternak, autor de la fabulosa, dura y desgarradora “Doctor Zhivago”, ¡poco que ver con la pastelera película de David Lean!, lo hicieron en el extranjero, lo que en su caso le acarreó el tener que renunciar al Nobel, y a ser conocido en Occidente como novelista, cuando en realidad fue un poeta y de los más apreciados por los rusos. De hecho, su fama como poeta pudo ser lo que le salvara del Gulag… Y, por cierto, si alguna vez visitáis Moscú, no dejéis de ver los cuadros de su padre, Leónid Pasternak, tremendo retratista.

Boris Pasternak retratado por su padre, el pintor

Boris Pasternak retratado por su padre, el pintor Leónid Pasternak

Uno de los casos más dramáticos fue el de Isaak Babel, judío de Odessa que, de niño y joven, sufrió de manera terrible el tradicional antisemitismo ruso: su abuelo fue asesinado en un pogromo en 1905, a pesar de sus notas no fue admitido en la Universidad, los editores le cerraron las puertas. Hasta que conoció a Gorki, quien le introdujo en los círculos intelectuales de Petrogrado y, más tarde, se convirtió en su escudo frente a Stalin.

Portada de "Caballería Roja" de Isaak Babel

Portada de “Caballería Roja” de Isaak Babel

Revolucionario convencido, luchó en la guerra civil, y tuvo la ocurrencia de hacerlo en la caballería cosaca de Budionni. Los cosacos, siguiendo una de sus más arraigadas costumbres, aprovecharon, como siempre habían hecho en las guerras, para saquear a los judíos que encontraban a su paso. Sobre esta campaña escribió Babel un maravilloso libro de relatos, “Caballería roja”, de un gran lirismo, pero a juicio de su general, demasiado descriptivo. Por lo visto, lo que viene siendo una guerra, con sus pueblos arrasados, sus muertos de hambre, sus carnicerías y sus violaciones, no casaban muy bien con la gloria de la Revolución. Y, por si esto fuera poco, no se le ocurrió otra cosa que hacerse amante de la mujer del entonces jefe de la NKVD, más tarde conocida como KGB. Cuando murió Gorki, su protector, fue detenido, acusado de trotskista, y fusilado con una rapidez y una eficacia sorprendentes.

El siguiente caso es más curioso. Se trata de Mijail Bulgakov, nacido en Kiev, pero moscovita por vocación. Es el autor de la novela de Moscú por excelencia: “El Maestro y Margarita”.

Tumba de Bulgakov en el cementerio de Novodievychi, Moscú.

Tumba de Bulgakov en el cementerio de Novodievychi, Moscú

Bulgakov nunca fue partidario de la Revolución y jamás lo ocultó ni en sus obras ni en su vida privada. Incluso luchó contra ella y fue herido y puede que esto le salvara la vida. No era zarista, ni menchevique, ni religioso, y como no era bolchevique, obviamente no podía ser un traidor. Eso sí, lo putearon todo lo que pudieron y algo más. Autor teatral, sus obras eran sistemáticamente retiradas de los escenarios uno o dos días después del estreno, y sufrió lo que no está escrito para ir publicando, a trancas y barrancas, sus novelas y relatos. Médico de profesión y morfinómano por prescripción propia de resultas de una herida de guerra. Al final, harto de trabas, escribió a Stalin para pedirle un empleo, a cambio se comprometía a no escribir nunca más. Stalin se lo concedió. Al poco tiempo moría.

Dice la leyenda que a Stalin le encantaban sus libros, y que por eso salió indemne de las grandes purgas. ¡Quién sabe! Más bien da la impresión de que se divirtiera jugando con él al gato y al ratón.

Estanque del Patriarca, Moscú

Estanque del Patriarca, Moscú

“El Maestro y Margarita”, su obra más conocida, relata los sucesos que se desencadenan cuando Satanás y su corte visitan Moscú en los años 20, en plena efervescencia revolucionaria. Es una obra satírica, fantástica, llena de lirismo y de amor por Moscú y los moscovitas y, eso sí, con una cierta mala leche. Combina a la perfección tres tramas superpuestas en el espacio y en el tiempo, que convergen al final en un crescendo apoteósico, salvaje y tierno a la vez. Imposible no amar a sus protagonistas, Satanás, entre ellos o sobre todos. Si alguna vez pasáis por Moscú, podéis visitar los lugares donde se desarrolla la acción. Es una buena manera de conocer una parte de la ciudad muy bonita, y a la que no llegan los autobuses de turistas.

A destacar dos novelas más: “La Guardia Blanca”, crónica de la vida de una familia en Kiev durante los días que median entre la salida de los alemanes y el triunfo de la Revolución, su obra menos fantástica. No exactamente autobiográfica, pero sí basada en hechos vividos y, en parte, protagonizados por él y por personas de su entorno. Es su obra más personal y, al menos para mí, la más hermosa.

Más conocida, quizás, “Corazón de perro”, la sátira más irreverente que escribió contra el nuevo sistema que se estaba implantando y, sobre todo, contra la burocracia. Sobre esta novela hay una película homónima bastante destacable, creo que nunca estrenada en España.

Últimamente ha habido un cierto repunte del interés por Bulgakov y se han reeditado muchas de sus obras. Incluso se han editado por primera vez en España algunos de sus relatos cortos. Es un autor a disfrutar. De los que no dan puntada sin hilo.

Descubrí a Vassili Grossman de una manera casual. Antonio Muñoz Molina citaba de pasada en una entrevista uno de sus libros: “Vida y Destino”. Me picó la curiosidad, lo busqué en la biblioteca, lo leí, y me conmocionó. Porque hay libros que te emocionan y hay otros que te conmocionan, que te sacuden, con los que hay un antes y un después. Y éste es uno de ellos, para mí, y para todos aquellos que conozco que lo han leído.

La trama se desarrolla durante la terrible Batalla de Stalingrado, y tiene como protagonistas a una familia cuyos miembros están desperdigados desde un campo de exterminio en Alemania hasta las estepas del Asia soviética. Soldados, investigadores, comisarios políticos, amantes, hijos, padres… Las vidas de todos, su dolor, sus pérdidas, sus pobres esperanzas, su confusión, su felicidad…, sus vidas enteras tratadas con una inmensa clarividencia y una enorme ternura y, a pesar de todo, de la terrible época que les ha tocado vivir, de las purgas, la guerra, las privaciones, con una absoluta fe en el ser humano.

Libro enorme donde los haya, a mi pobre entender, al nivel de “Guerra y Paz”, “Ulises” o “Moby Dick”. Es, además, un enorme referente ético.

Vasili Grossman

Vasili Grossman

De Vassili Grossman quiero destacar -es más, recomiendo de todo corazón- un libro, en apariencia menor: “Eterno reposo y otras narraciones”. Fabuloso libro de relatos cortos absolutamente fascinante, que contiene entre otros, “Tiertgarden”, el mejor relato sobre animales y hombres que jamás haya leído, y una de las mejores obras literarias que haya tenido la fortuna de conocer.

El argumento es simplísimo: en abril de 1945, las tropas soviéticas se acercan y Berlín está a punto de caer. ¿Cómo viven los animales del zoo, desde la pureza de su instinto, este hecho?

Grossman fue corresponsal durante la guerra. Le cupo el dudoso honor de ser uno de los primeros periodistas en conocer los campos de exterminio. De hecho, sus crónicas sirvieron como prueba en los juicios de Núremberg.

Batalla de Stalingrado

Batalla de Stalingrado

Aunque fue un periodista muy apreciado, no pudo ver sus novelas publicadas en vida. La propia lectura explica este hecho por sí mismo. Nadie tan reflexivo puede ser visto nunca con buenos ojos por el poder, y más en su país y su época.

Y con esto concluyo. Tan sólo un par de reflexiones: algo debe de tener la literatura rusa para que, pase el tiempo que pase, siempre seamos legión los que la seguimos y nos admiremos con ella. Puede que sea la ternura y la credibilidad de sus personajes o la universalidad de sus temas: la vida, la culpa, el destino…
Y hay muchos más autores que me ha sido imposible desarrollar aquí: Gogol, Lermontov, Turgueneyev, Ajmatova, Doblatov, Tolstay, etc. No sé, tal vez sea lo que le oí decir a una rusa en una ocasión: «En aquellos tiempos, en invierno, con sus noches interminables sin poder salir de casa, o follaban todo el tiempo o reflexionaban mucho». Pero el caso es que ahí están, con sus barbas, sus estrellas rojas, su vodka, esperándonos para discutir sobre todo lo que de verdad importa. No les hagamos esperar, que no nos defraudarán.

Ruso para principiantes (I)

PRINCIPIANTESIRuso para principiantes (I)

Acercarse a los clásicos rusos impone. Hay que reconocerlo. Uno, cuando piensa en ellos, se imagina imponentes y barbudos señores decimonónicos, de pensamiento extenso y profundo.

Y no va muy desencaminado. Tolstói, sin ir más lejos, era un bigardo de casi dos metros, enjuto y fuerte, duro como el acero, que cada mañana se levantaba, invierno y verano, a las 5, y dedicaba dos horas, ¡antes de desayunar!, a hacer deporte. Se dice que podía levantar 80 Kg con una sola mano.

Y Dostoievski, ni te cuento: ludópata, revolucionario, condenado a muerte e indultado (y desterrado a Siberia) cuando ya estaba ante el pelotón de ejecución. Y de sus libros, ¡para qué hablar!: tochos largos, densos, descripciones minuciosas, relatos épicos, profundísimas y exhaustivas reflexiones, sobre todo, lo que concierne al ser humano…¡Como para pensárselo!

Y, sin embargo, somos legión los amantes de la literatura rusa. Y es, pues, mi propósito hoy el facilitar el acercamiento a este mundo, porque ni Tolstói escribió sólo “Guerra y Paz” o “Anna Karenina”, ni Dostoievski se limitó a “Crimen y castigo” o “Los hermanos Karamazov”. Hay modos más ligeros de acercarse a ellos y, por supuesto, existen otros escritores rusos, más modernos, y mucho menos conocidos, incluso, curiosamente, en Rusia. Algunos, como Grossman o Pasternak, prácticamente no pudieron publicar durante el periodo soviético o, incluso, fueron ejecutados por el KGB, como Babel.

Empecemos, pues, con esta “iniciación”. Pero, una advertencia: la literatura rusa puede ser muy adictiva. Avisados estáis, que yo luego no quiero líos.

Dostoievski

Dostoievski

Dos sugerencias para acercarse a Dostoievski: en primer lugar, y sin dudarlo, “El Jugador”. Una crónica despiadada del descenso a los abismos de la mediocridad más absoluta de una familia de nobles rusos y los parásitos que los rodean, arruinados y estancados en una ciudad-balneario centroeuropea con casinos, esperando la muerte inminente de una anciana princesa, para salir del atolladero con la herencia. De repente, la moribunda se presenta en la ciudad, hace una entrada apoteósica…, y el resto hay que leerlo.

El libro es corto, pero de una enorme intensidad y de una lucidez cruel a la hora de describir a los protagonistas y el mundo que los rodea. Impresionante…, y corta, o sea, que no asusta, vamos.

Dostoievski escribió también muchos relatos cortos, casi todos ellos ambientados en el lado oscuro de la brillante San Petersburgo de la época. De entre todos, os recomendaría “Noches blancas”, una hermosa y triste historia de amor y desesperanza, que narra el encuentro casual de dos personas solas durante las noches del solsticio de verano, cuando el sol no llega a ponerse. (La podréis encontrar en cualquier recopilación de relatos del autor, en la biblioteca pública más cercana).

Leo Tolstoy e n1887

Leo Tolstoy en 1887

De su experiencia como oficial en las campañas del Cáucaso nacieron algunas de las mejores (y menos conocidas) obras de Tólstoi: dos novelas cortas, “Los cosacos” y “Hadji Murat”, y una serie de cuentos, “Relatos del Cáucaso”. La primera obra muestra la fascinación que ejercen sobre un joven oficial ruso, procedente de la nobleza moscovita, las costumbres, la fuerza y la sencillez de los cosacos. Tres personajes, Lukachka, un joven cosaco, Marianka, su novia, una mujer fuerte, segura y hermosa, a años luz de las damas de Moscú, y sobre todo, el inmenso Tío Erochka, un viejo cosaco cazador, ladrón, borracho y sabio, muy sabio, que le fascina con su relación con la naturaleza y su concepto de Dios. Por lo demás, la guerra, siempre presente en Chechenia, ayer como hoy, con la misma carga de dolor.

Los relatos cortos, utilizando la guerra como un marco más en el que vivir, se centran en las vivencias de los soldados, que pasan por la batalla como antes pasaron por los trabajos del campo: con sencillez, honestidad y sufrimiento.

“Hadji Murat” cuenta las andanzas de un jefe checheno perseguido por los rusos y por caudillos rivales. Es un hermoso relato de aventuras, desde el punto de vista de su “enemigo”, y, en cierto modo, y a pesar de los 150 años pasados desde entonces, todavía nos ayuda a entender por qué las cosas son como son en esa parte del mundo.

En resumidas cuentas, obras hermosas, sabias, que miran donde importa: en el fondo del alma de los hombres simples, víctimas y protagonistas de la historia.

Y, una vez superado el escollo de los “monstruos sagrados”, cambiamos de siglo y de autores. Y sí, sé que no he hablado de Chejov, pero es que no hay nada más fácil que amar sus cuentos.

Anton Chejov

Anton Chejov

Basta leer “La dama del perrito”, “Mujiks”, “La boda”, o cualquier otro, y ya tenemos la faena hecha. Pocas veces nos sentiremos mejor comprendidos en lo más hondo de nuestro sufriente corazón.

Dostoievski muere en 1891, Chejov en 1904, y Tolstoi, en 1910. En las obras de los tres se intuye que el mundo, tal y como lo conocían, estaba por terminar. Intuían que algo grande estaba fermentando. Hacia dónde, no lo dicen.

Tumba de Tolstoi

Tumba de Tolstoi

(Continuará)